Bienvenido a la página de Armando Maronese

 

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El Santo Sepulcro

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EL LUGAR DE LA RESURRECCIÓN

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Hoy en día, el lugar del Santo Sepulcro de Jesús se encuentra entre las construcciones de la Antigua Ciudad de Jerusalén. Rodeado por mercados, negocios de recuerdos y minaretes, invita a los peregrinos a meditar acerca del Misterio de la Redención que se desarrolló en este lugar. El tiempo y la historia han dejado sus cicatrices, no obstante ha conseguido preservar su significado incomparable. Aún cuando muchas veces nos encontramos distraídos por las masas de peregrinos que caminan en todas direcciones, podemos sentir el impulso de arrodillarnos y proclamar con alegría: "Aleluya, Jesús ha resucitado, no está aquí". Sin tomar en cuenta a que confesión cristiana se pertenece, sentiremos que este lugar ha sido testigo de "La Gloria de Dios en Jesucristo".

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Una vista general al Santo Sepulcro

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Introducción

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Lugar de la Crucifixión, Muerte, Entierro y Resurrección de Jesús

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Todos los peregrinos de la Ciudad Santa de Jerusalén, hacen todo lo posible para visitar el lugar más sagrado de la cristiandad. Al llegar a Jerusalén, nos sentimos impelidos a través de las murallas turcas que rodean la Ciudad Antigua y, mientras tanto, nos repetimos a nosotros mismos las palabras del salmista "que alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor" (Salmo 122,1) y continuamos caminando hacia "la tumba del Señor".

Arrastrados por las masas que se mueven por las angostas calles de la ciudad y mirando alrededor, vemos cientos de tiendas que orgullosamente exponen su mercadería. Los diversos olores de las especias se mezclan en el aire y hacen que nos sintamos llevado por ellos.

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La Plaza del Santo Sepulcro

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Más tarde, uno se encuentra en una plaza milenaria, frente a la fachada envejecida por el paso del tiempo. Empezamos a preguntarnos como es posible que en este lugar hubiera una colina, un jardín y una tumba. Podemos caer en la tentación de ignorar lo que los guías nos están diciendo, por la emoción de lo que estamos experimentado.

Entramos... Vemos a un fraile franciscano atendiendo a varios peregrinos de diversas nacionalidades, a un monje griego ortodoxo encendiendo velas. Se oye el coro armenio ortodoxo cantando la liturgia. Pasamos delante de la pequeña capilla donde un sacerdote copto ortodoxo, devotamente, está diciendo su oración y cerca de él, un monje sirio ortodoxo recita la suya. Seguimos caminando y encontramos a un padre franciscano preparando uno de los altares para celebrar la misa.

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Un padre franciscano católico romano

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Un monje griego ortodoxo

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Un monje armenio ortodoxo

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Un monje copto ortodoxo

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Un monje sirio ortodoxo

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Esto resulta demasiado para lo que esperábamos. ¿A dónde hemos llegado? ¿Es éste el lugar que ha tenido tanta importancia durante siglos? ¿Es esto lo que esperábamos ver? Entonces, de repente, comprendemos y comenzamos a interiorizar lo que vamos percibiendo a nuestro alrededor.

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Plano del Santo Sepulcro en la actualidad

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Aquí, en este lugar, un acontecimiento importante tuvo lugar. Un acontecimiento de LUZ, una realidad VITAL, el misterio de la SALVACIÓN. Caminamos hacia la gastada aedicula sobre la Tumba vacía y en cuanto entramos, casi alcanzamos a oír interiormente, el eco ¡Ha resucitado! ¡no está aquí!". Nos arrodillamos… y sin darnos casi cuenta de todo lo que nos rodea, somos conscientes de que estamos en la Tumba en donde Jesús estuvo muerto y desde la cual, el Señor triunfó sobre los poderes del mal y el poder de la muerte. ¡Dónde, oh muerte, está tu aguijón!" (1 Corintios 15, 55)

La aedicula en la tumba de Jesús

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Cuando nos arrodillamos en silencio, oímos la voz de Pedro proclamando: "Dios lo levantó de entre los muertos, liberándolo de la agonía de la muerte, porque para la muerte resultaba imposible conservar su poder sobre Él (Hechos 2, 24), o la voz de Pablo: "Por lo tanto, fuimos enterrados con Él a través del bautismo en la muerte para que, del mismo modo que Cristo fue levantado de entre los muertos a través de la gloria del Padre, también nosotros podamos vivir una nueva vida" (Rm 6,4). Y cuando salimos de la Tumba, nos damos cuenta que estamos en la Nueva Casa del Señor en el lugar en el que la "nueva y eterna Alianza" fue establecida entre Dios y la humanidad a través de Jesucristo.

De nuevo las Escrituras hacen eco: "La gente vendrá de los pueblos de Judea y de los pueblos que rodean a Jerusalén, desde el territorio de Benjamín y de las pequeñas colinas del oeste y del Negev, trayendo ofrendas de granos, incienso y ofrendas de agradecimiento a la casa del Señor" (Jer 17,26).

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Interior de la Tumba de Jesús

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En ese momento empezamos a apreciar las idas y venidas de la gente de diferentes nacionalidades.
Frente a la Tumba, bajo la nueva y resplandeciente cúpula, recitamos la oración escrita por el Papa Pablo VI, el 4 de enero de 1964:

"Este es el lugar, donde Tú, oh Señor, fuiste acusado;
(Aquí) Tú, el justo, fuiste juzgado;
(Aquí) Tú, el hijo del Hombre, fuiste atormentado, crucificado y
enviado a la muerte.
(Aquí) Tú, Hijo de Dios, fuiste blasfemado, se rieron de ti y te
repudiaron;
(Aquí) Tú, la luz, fuiste desechado;
(Aquí) Tú, el Rey, fuiste exaltado en una cruz;
(Aquí) Tú, la Vida, te encontraste frente a la muerte y
(Aquí) Tú muerto, te levantaste hacia la vida…
Te adoramos, oh Señor Jesús. Vinimos (aquí) para golpearnos el pecho, para pedir tu perdón, para implorar tu merced…, porque tú eres nuestra redención y nuestra esperanza"

(Pablo VI – 4 de enero de 1964)

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La entrada a la Basílica del Santo Sepulcro

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Superado el asombro inicial deseamos saber más, comprender cómo es el lugar y cómo ha sido la historia de la Iglesia más importante de la cristiandad.

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La fachada de la Iglesia de la época de los Cruzados así como se encuentra actualmente

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Descripción topográfica de la región de Gólgota

 

Los últimos capítulos de los Cuatro Evangelios, tienen limitada información acerca del lugar de la crucifixión, entierro y Resurrección del Señor. Pero éstas son las primeras fuentes a las que debemos en primer lugar echarles un vistazo para obtener una idea clara acerca del lugar.

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El lugar del Calvario hoy en día

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1. Los Evangelios llaman a este lugar Gólgota (en Arameo "Golgotha"; en Griego "Kránion" (calavera), a partir de lo cual llegamos a Calvario, de la raíz latina "calva", la piel que recubre el cráneo sin cabello. Nuestro término común Monte no se usa. Monte empezó a ser usado solamente en el siglo IV, cuando sacaron la roca que lo rodeaba, dejando la roca de la crucifixión aislada, quedando solamente la pequeña y redonda colina de unos 6 m de altura. Simplemente se lo menciona como un lugar llamado Gólgota para indicar el sitio en que se levantó la cruz y la vecina propiedad rural de José de Arimatea:


"Llegaron a un lugar llamado Gólgota (que significa la Calavera)" (Mt 27,33)

"Trajeron a Jesús a un lugar llamado Gólgota (que significa el lugar de la Calavera)" (Mc 15,22)

"Cuando llegaron al lugar llamado la Calavera, allí lo crucificaron, junto con los criminales uno a su derecha y el otro a su izquierda" (Lc 23,33)

"Llevando su propia cruz, fue hasta el lugar de la Calavera (que en arameo se llama Gólgota)" (Jn 19,17)


2. Los Evangelios también afirman que en el sitio había un jardín:

"En el lugar en que Jesús fue crucificado, había un jardín" (Jn 19,41)

3. Este jardín del Gólgota se encontraba fuera de la ciudad, pero suficientemente cerca como para permitir que los que por allí pasaban pudieran leer el cartel (titulus) preparado por Pilatos y atado a la cruz:

"Muchos judíos leyeron este cartel, ya que el lugar en que Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y estaba en Arameo, Latín y Griego" (Jn 19,20).

4. Los Evangelios afirman también, que cerca de la "Calavera" en donde Jesús fue crucificado había una tumba nueva empotrada en la roca:

"En el lugar donde Jesús fue crucificado había un jardín y en el jardín una tumba nueva, en la que nadie había sido depositado" (Jn 19,41)

"José tomó el cuerpo, lo envolvió en una limpia tela de lino y lo puso en su propia tumba nueva, que él había cavado en la roca" (Mt 27,59)

"Entonces él lo bajó (de la cruz), lo envolvió en una tela de lino y lo puso en una tumba que había sido cavada en la roca, que aún nadie había sido depositado allí" (Lc 23,53).

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La "Tumba nueva" en la cual Jesús fue depositado

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5. La entrada a la tumba fue sellada con una piedra grande

"Arrastró una piedra grande, hasta ponerla delante de la entrada a la tumba y se retiró" (Mt 27,60).

"Cuando terminó el Sabbat, María Magdalena, María la madre de Santiago y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: "¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro? Al mirar vieron que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande" (Mc 16, 1.4).

"El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y entrando no encontraron el cuerpo del Señor Jesús" (Lc 24,2).

6. Los Evangelios también dan una descripción del interior de la tumba. A partir de esa descripción, algunos estudiosos deducen que la tumba podría haber sido del tipo arcosolio y no del tipo de tumbas kokhim (con forma de horno). Esto se deduce del relato dado por Arculfo. Esto es lo que el Evangelio dice con respecto a este espacio:

"María se quedó de pie y llorando fuera de la tumba. Mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro de la misma y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar en el cual el cuerpo de Jesús había estado, uno en la cabecera y el otro a los pies" (Jn 20,11-12)

"Entrando en el sepulcro, vieron un joven, sentado a su derecha, vestido con una vestidura blanca, y tuvieron miedo". (Mc 16,5).

7. La última información que deducimos de los Evangelios, es que la tumba en la que el Señor fue depositado pertenecía a José de Arimatea.

"José tomó el cuerpo, lo envolvió en una tela limpia de lino y lo puso en su propia tumba nueva" (Mt 57,59-60).

Aquí concluye la información acerca del lugar de la crucifixión y del entierro del Señor, tal y como la encontramos en los Evangelios. Mirando el monumento actual, resulta difícil imaginar el aspecto de este lugar casi 2.000 años antes. Cristianos piadosos de todas las épocas, han edificado encima de este lugar varios monumentos y construcciones, que han ayudado a transformar por completo el área vacía fuera de las murallas de la ciudad de Jerusalén en el siglo primero.

Resulta incomprensible su transformación, sin tener mentalmente en cuenta la transformación de la arquitectura de la totalidad de Jerusalén. También debemos tener presente que a partir del siglo IV, este sitio se ha convertido en el punto central de la historia de Palestina. Fue el lugar de muchas y largas guerras entre el poderío de Cristianos y Musulmanes.

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La desnuda roca del Calvario desenterrada por la comunidad griega ortodoxa
(lugar de la Crucifixión del Señor)

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Para lograr comprender a fondo la topografía de este lugar, nos hace falta la ayuda de los detallados estudios arqueológicos llevados a cabo por el difunto Padre Virgilio Corbo, ofm. Sus descubrimientos fueron publicados por la Editorial Franciscana de Jerusalén, en una obra de tres volúmenes titulada "El Santo Sepulcro de Jerusalén" (Jerusalén, 1981-1982). Fue la persona a quien se le confió el trabajo arqueológico en varias áreas de este Monumento, y que se llevó a cabo a través de múltiples etapas debido a la complejidad del edificio.

Hoy en día, no nos resulta posible contemplar la ubicación del Calvario y de la Tumba excavada en la roca; podemos, sin embargo, formarnos una visión casi exacta de la topografía del lugar.

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El altar de la Crucifixión en el Calvario

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Desde la cantera hasta el jardín (siglo IV aC – 135 dC) 

El trabajo de restauración comenzó en el año 1961. Se abrieron diversas catas arqueológicas en varios puntos de la Iglesia del Santo Sepulcro. Gracias a ellas, podemos asegurar que el área alrededor del Jardín del Gólgota sirvió como cantera entre los siglos VIII y I aC.

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Investigación arqueológica confirmando la presencia de la cantera

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Esta cantera, de piedra de malaquita, se confirmó mediante las numerosas señales de tajos en la roca excavada a través de toda el área. Se extendía desde el actual Camino Cristiano (Haret en-Nasara) hasta Khan ez-Zeit, por encima de un área que posteriormente se encontraría entre los dos caminos más importantes construidos por el Emperador Adriano, para su Aelia Capitolina. Las señales de las herramientas también son visibles en el área de la Capilla del Encuentro de la Santa Cruz.

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Signos de la cantera en la Capilla del Encuentro de la Santa Cruz

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Otras señales de la cantera encontradas durante las excavaciones al lado de la Aedicula

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Esta gran cantera del este y del oeste, que proporcionó piedras para la construcción de la antigua ciudad, fue abandonada durante el siglo I aC. Lo que había sido área de excavación de la cantera se transformó en un jardín, convirtiéndose en un área bien protegida de la parte exterior de las murallas de Jerusalén. Varias tumbas fueron excavadas en las altas murallas que rodeaban el Jardín del Gólgota. Entre éstas, se encuentra la tumba "Kokhim", popularmente conocida como la tumba de José de Arimatea.

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La tumba Kokhim conocida como la tumba de José de Arimatea

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La evidencia arqueológica, demuestra que la tumba de Jesús había sido excavada en un punto aislado de la cantera. En ese sitio, el propietario (José de Arimatea en la época de la Crucifixión), había empezado la preparación de una tumba familiar. Esta nueva tumba mirando hacia el este, tenía una puerta baja (había que arrodillarse para atravesar el pasaje). Se cerraba mediante una gran piedra. Al entrar por la baja abertura, uno se encontraba en un vestíbulo que conducía a la cámara funeraria. Solamente un único banco fúnebre, había sido cortado en la pared norte de la capilla fúnebre (a la derecha cuando se entra en la tumba).

Es probable que José de Arimatea hubiera intentado terminar su tumba familiar excavando otros dos bancos fúnebres en las paredes oeste y sur de las murallas, pero los acontecimientos de la Semana Santa cambiaron completamente sus planes. Es en esta capilla y en este banco fúnebre, que el cuerpo muerto de Nuestro Señor fue depositado. Es desde esta tumba y detrás de la gran piedra, que su victoria contra la muerte fue proclamada mediante su Resurrección. Hoy en día, la tumba está completamente cubierta por placas de mármol (véase más adelante).

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La Tumba de Nuestro Señor

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Este Jardín del Gólgota, permaneció fuera de la ciudad de Jerusalén hasta la construcción de la muralla del tercer perímetro, que fue completada por Agripa I (41-44 dC), incluyendo el Jardín del Gólgota dentro de las murallas de la ciudad. Esos años y los que siguieron, fueron años turbulentos debidos en su mayor parte a la arrogancia e incompetencia de los Procuradores Romanos, que fueron nombrados para gobernar el territorio. El pueblo judío ansiaba liberarse del yugo romano. Durante esta época, la Iglesia Madre de Jerusalén tenía su sede en Sión, visitaba el Jardín del Gólgota y allí celebraba el "Recuerdo" de los grandes eventos de la Crucifixión, Muerte y Resurrección del Señor.

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Debido a los problemas internos en la ciudad, justo antes de la primera Revuelta Judía (66 dC), los miembros de la Iglesia Madre huyeron de la ciudad y se instalaron en el pueblo de Pella de la Decápolis, situado al otro lado del Valle del Jordán. La Primera Revuelta Judía terminó en un baño de sangre y la destrucción del magnífico Templo de Jerusalén a manos del ejercito romano. Como consecuencia de lo acaecido, los judeo-cristianos volvieron a la ciudad para unirse a los cristianos-gentiles de la Iglesia Madre, que se había quedado estacionada en la ciudad de Sión.
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Pero la situación en la ciudad continuó siendo incierta y muy tensa. La ciudad se encontraba bajo la guardia de la Décima Legión, que volvió a apagar el fuego de la revuelta en el año 116 dC y también, el violento intento final del año 133. A este último se lo conoce bajo el nombre de Segunda Revuelta Judía, dirigida por Simon Bar Kokhba. Estos acontecimientos condujeron a cambios drásticos en lo que atañe a la distribución arquitectónica de la ciudad.

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Las escaleras bajan hasta la Capilla de Santa Elena

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Las escaleras bajan hasta la Capilla de Santa Elena

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Un templo a los dioses romanos (135-335) 

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El Emperador Adriano sofocó la revuelta en el año 135, y decidió demoler toda la ciudad de Jerusalén con el objeto de borrar todos los lugares que podrían incitar a otra revuelta de los judíos. El emperador prohibió la presencia judía en la nueva ciudad. Una comunidad gentil-cristiana siguió viviendo en Jerusalén y aseguraron la continuidad en la identificación de los lugares sagrados (el primer obispo de esta comunidad fue Marcos).

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Una moneda acuñada en la Aelia Capitolina de Adriano – Jerusalén

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De esta manera, Adriano preparó una ciudad completamente nueva, estructurada de acuerdo a planes helenísticos y con el nuevo nombre de "Aelia Capitolina" ("Aelia" en honor suyo y "Capitolina" porque contendría un Capitolio para los dioses romanos). En este nuevo plan arquitectónico, el Jardín del Gólgota resultó ser el centro de la nueva ciudad. Algunos autores insisten en decir que el área de este Jardín, se convirtió en el Capitolio de la nueva ciudad, con altares para los tres más importantes dioses romanos –Júpiter, en el centro, flanqueado por Juno y Minerva. Otros, citando evidencias que aparecen en los escritos de Eusebio de Cesárea, insisten en que el templo fue dedicado a Afrodita. Ambas escuelas de pensamiento, concuerdan en que un templo pagano se erigió en ese lugar.

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Una placa de mármol de la tumba de Jesús que anteriormente fue templo pagano

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Fuentes literarias cristianas, narran como el Jardín del Gólgota fue rellenado para estar a la altura del área para la construcción del nuevo templo romano. Esto es como Eusebio de Cesárea (265-340), nacido en Palestina, describe estos acontecimientos en su "Vida de Constantino"

"En esta cueva sagrada, sucedió entonces que algunas personas impías y ateas, habían pensado retirarla por completo de la vista de los hombres. Suponían, dentro de su locura, que así podrían ser capaces de obscurecer la verdad de manera efectiva. Con ese fin, trajeron una cantidad de desechos desde lejos y con mucho esfuerzo recubrieron totalmente el lugar; luego, habiendo llevado esto a una altura moderada, lo pavimentaron con piedras, escondiendo la cueva sagrada bajo el masivo montón. Después, como si su intento se hubiera llevado exitosamente a cabo, prepararon sobre esta base un verdadero y truculento sepulcro de almas, mediante la construcción de un tenebroso altar de ídolos sin vida para el espíritu impuro, al cual llaman Venus y ofreciendo allí detestables oblaciones en esos profanos altares. Porque ellos suponían que su objeto no podía ser de otra forma totalmente alcanzado, más que enterrando así la cueva sagrada bajo esas nocivas contaminaciones." (III, XXVI – véase también el informe de Eusebio sobre el Santo Sepulcro).

Vale la pena hacer notar que la profanación del lugar hecha por el Emperador Adriano, tomaba como objetivo de adoración un lugar existente de la comunidad judeo-cristiana de Jerusalén, tanto en la tumba como en el Calvario. Esta temprana veneración yace en las raíces de los escritos apócrifos de Jerusalén. (Estos escritos se conocen como "el ciclo de Adán y Eva", que comprende "La Cueva de los Tesoros" y "El combate de Adán").

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La Capilla de Adán bajo el Calvario

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El templo pagano de Adriano fue construido en el axis este-oeste y fue rodeado por un Temenos (una muralla protectora con la fachada en el Cardus Maximus a través del cual se entraba al recinto sagrado). San Jerónimo en una carta a Paulinus en el año 395 dice:

"A partir de los tiempos de Adriano hasta el imperio de Constantino, durante casi 180 años, la estatua fue venerada en el lugar de la Resurrección y en la roca de la cruz, una estatua de mármol de Venus fue ubicada allí por los gentiles. En las intenciones de los que llevaron a cabo las persecuciones, creían poder remover nuestra fe en la resurrección y en la cruz, si profanaban los santos lugares con ídolos".

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La Cueva bajo el Calvario, desenterrada durante las excavaciones arqueológicas

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Otro enfoque de la misma cueva bajo el Calvario

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De estas descripciones, confirmadas además a través de la investigación arqueológica realizada en esta área, sabemos que el templo pagano de Aelia transformó el lugar judeo-cristiano en uno pagano, al ubicar el culto de Júpiter sobre la tumba de Nuestro Señor y el de Venus sobre el Calvario. Esta situación continuó alrededor de 180 años como lo determina el mismo Jerónimo.

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Restos del Temenos (muralla que rodea) del templo pagano

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Desenterrando el Jardín del Gólgota (335)

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La puerta principal de la Iglesia del Santo Sepulcro

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En el año 325, durante el primer concilio de Nicea, el obispo de Jerusalén, Macarios, invitó al Emperador Constantino a destruir los templos paganos construidos encima de los lugares sagrados cristianos de la Ciudad Santa. El Emperador, para entonces Pontifex Maximus de todo el imperio romano, decretó la demolición de los templos paganos construidos sobre el Santo Lugar cristiano. Así es como Eusebio describe este hecho:

"Le pareció necesario, dada su posición, devolver la magnificencia al lugar bendito de la Resurrección de Nuestro Señor, para que fuera un objeto de atracción y veneración de todos. Por lo tanto, inmediatamente dio órdenes para que en ese espacio se erigiera una casa de oración: cosa que se hizo, no sólo bajo un simple y natural impulso de su propia mente, sino que fue empujado espiritualmente por el mismo Salvador… Acudiendo a la ayuda divina, dio órdenes para que el lugar fuera completamente purificado, pensando que las partes que hubieran recibido del enemigo el mayor grado de contaminación deberían recibir símbolos especiales, de acuerdo a sus medios, por medio de la grandeza de los favores divinos. 

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Apenas sus órdenes fueron dictadas, esos factores de deshonestidad fueron destituidos de su orgullosa eminencia, y los lugares erróneamente elegidos con las estatuas y los malos espíritus a los que representaban, fueron tumbados y destruidos… Pero el celo del emperador no se detuvo allí; sino que dio más órdenes para que los materiales que se destruyeran, tanto fueran de piedra como de madera, debían ser quitados y completamente destruidos, arrojados lo más lejos posible; y esta orden también fue ejecutada expeditivamente. El emperador, sin embargo, no se sentía satisfecho habiendo llegado a tal punto: una vez más, inflamado de santo ardor, indicó que la tierra misma debía ser cavada hasta una considerable profundidad, y que el suelo que había sido contaminado debido a las malolientes impurezas de la adoración demoníaca, tenía que trasladarse a otro lugar distante" (III, XXV-XXVII).

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La cámara externa de la Tumba de Jesús dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro

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Además de limpiar el área de los templos paganos, el trabajo incluía también una excavación de la tierra echada, que Adriano había puesto en el Jardín del Gólgota para nivelar el lugar. Nuevamente dejo que Eusebio describa el acontecimiento:

"Apenas la superficie original del piso, que estaba debajo de la tierra, apareció, inmediata y contrariamente a todas las expectativas, el venerable y respetado monumento a la resurrección de Nuestro Señor fue descubierto. Entonces, realmente esta santísima cueva, presentó una fiel similitud con Su regreso a la vida, en que después de haber yacido enterrado en la oscuridad, de nuevo emergió hacia la luz, y permitió a todos los que fueron a ver, una clara y visible prueba de las maravillas de las cuales ese lugar fue testimonio de la resurrección del Salvador, más clara de lo que ninguna voz podía dar" (III, XXVIII).

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El monumento bizantino en el Jardín del Gólgota (335)  

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Con gran alegría, la Iglesia de Jerusalén asistió a la liberación de los templos paganos. El proyecto de una nueva construcción fue planeado por los arquitectos de Constantino. Éste, iba a ser un monumento valedor de la veneración que iba a recibir:

"El emperador envió emisarios que mostraban un verdadero espíritu piadoso y, al mismo tiempo, otorgó amplias sumas de dinero y ordenó que una casa de oración, merecedora de la adoración de Dios, debía erigirse cerca de la tumba del Salvador mostrando toda su riqueza y real grandeza. Durante bastante tiempo había tenido presente este plan, lo había previsto como si estuviese bajo la ayuda de una inteligencia superior, todo aquello que más adelante iba a suceder. Por lo tanto, dio sus órdenes a los gobernadores de las provincias del Este, instándolos a ayudar con una abundante y generosa donación con lo que asegurasen que el trabajo se concretara en una escala de noble y amplia magnificencia" (Vita di Costantino III, XXIX)

Pero esto también significó un cambio completo en la topografía del lugar. Para ubicar este monumento, los arquitectos habían aislado a la tumba del rocoso peñasco del Ghareb en los flancos norte y oeste. De este modo, la tumba que fuera excavada en la fachada oeste de las murallas de la cantera, terminaba sosteniéndose libremente en el centro de un amplio espacio vacío. Una construcción con la forma del mausoleo real romano, iba a ser erigido para convertirse en la Anástasis (Resurrección). El peñasco del Gólgota también fue recortado en los flancos norte y oeste para dar lugar a la nueva construcción que dejaría el Calvario fuera del nuevo edificio.

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Una representación artística de la basílica construida por Constantino

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La nueva construcción comprendía cinco estructuras, que cubrían la totalidad del área que anteriormente fuera ocupada por el templo pagano de Adriano. Una subida mediante escalones, llevaba desde el Cardus hasta el atrio oeste. Éste era el espacio del atrio del Templo que fue embellecido aún más por Constantino. La fachada del Martyrium, con tres puertas (aun visible en el Hospicio ruso), dominaba el atrio oeste.

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Restos de la fachada del Martyrium en el Hospicio ruso (incorporados a la estructura actual)

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El Martyrium era una basílica de cinco naves que terminaba en un ábside y en un elevado presbiterio. El domingo y las liturgias festivas eran celebradas de manera especial. Doce columnas de plata rodeaban al altar mayor en el presbiterio.

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Restos de la Fachada de la Anástasis construida por Constantino
(incorporada a la estructura actual)

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Un gran claustro con su jardín, fue realizado detrás del ábside de la basílica y sirvió para unir el Martyrium con la Anástasis. Éste claustro de tres pórticos y al aire libre, estaba protegido por la roca desnuda del Calvario, que fue dejada a cielo descubierto en el ángulo sudoeste (adornado con piedras preciosas y superpuesta, además de una cruz protegida mediante un "ciborium" dorado). Se debe a esta roca desnuda del Calvario, que la Basílica se llame Martyrium, tal como la peregrina Egeria narra: "Se llama Martyrium porque está el Gólgota detrás de la Cruz, donde el Señor sufrió".

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Restos del ábside del Martyrium desenterrado, en lo que hoy día es el coro griego
(visible en la esquina inferior izquierda de la imagen)

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Los mismos restos del Martyrium vistos desde el lado opuesto

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Cuando éstas construcciones se llevaron a cabo, los arquitectos hicieron todo lo posible para esconder completamente el área bajo el Calvario, donde el culto a Venus se llevaba a cabo. Sólo recientemente se ha logrado ubicar esta área escondida.

Al oeste del jardín del claustro se encontraba una iglesia circular, la Anástasis (Resurrección) con la Tumba del Redentor en el centro. Gracias a las fuentes literarias de la época y a las recientes investigaciones arqueológicas llevadas a cabo, se puede reconstruir la estructura construida sobre la tumba del Redentor: la fachada tiene ocho puertas, sobre las cuales se abrían hacia arriba ocho ventanas alargadas. La rotonda estaba sostenida por doce columnas macizas, alternadas por tres grupos de pilares que a su vez sostenían un balcón, encima del cual surgía una cúpula con un "oculus" (ojo). Alrededor de la parte más baja había grandes ventanas decoradas, que filtraban la luz que llenaba este espacio. La luz entraba por la fachada, por las ventanas y por el "oculus", porque aquí la Luz de la Resurrección ganaba a los poderes de la oscuridad.

Constantino quería que la tumba interior permaneciera completamente desnuda, porque ninguna decoración humana podía embellecer este sitio que fue testigo de la Luz de la Resurrección. El exterior estaba bellamente decorado.

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Un ábside sobreviviente de la Anástasis de Constantino

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La residencia del obispo fue construida hacia el norte de la basílica. El grandioso monumento de Constantino, cuya construcción presidió el Obispo Macario, fue inaugurado en el año 336 y el plano, su posición y su arreglo son aún visibles en la actualidad.

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La capilla subterránea de Santa Elena

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La alabanza de la belleza de este monumento, nos la da Eusebio en su obra "La vida de Constantino":

"Para empezar adornó la misma cueva sagrada como la parte principal de toda la obra y el respetado monumento, sobre el cual el ángel radiante de luz había declarado ante toda esa regeneración que fue manifestada en primer lugar en la persona del Salvador.

Este monumento, por lo tanto, el primero de todos, como la parte más importante de todo, el emperador con su cuidadosa magnificencia lo embelleció con columnas especiales, lo enriqueció profusamente con las más espléndidas decoraciones de todo tipo.

El siguiente objeto de su atención, fue un espacio de tierra de gran extensión y abierto al aire puro del cielo. Lo adornó pavimentándolo con piedras finamente pulidas y lo rodeó con tres costados de pórticos muy largos. Porque en el lugar opuesto a la cueva, o sea el lado este, la iglesia misma fue erigida; un trabajo noble que alcanzó una gran altura y que fue de gran extensión, tanto en largo como en ancho. El interior de esta estructura tenía un piso de losas de mármol de diversos colores, mientras que la superficie exterior de las paredes, brillaban por las piedras pulidas que encajaban exactamente unas con otras, exhibiendo un grado de esplendor de ningún modo inferior al del mármol. 

 

En lo que respecta al techo, en la parte exterior estaba cubierto con plomo como protección de las lluvias invernales. Pero la parte interior del techo, que había sido terminado con trozos esculpidos que se extendían en series de compartimentos relacionados entre sí, como un vasto mar, sobre la totalidad de la Iglesia; y, habiendo sido completamente cubierto con oro puro, hacía que el edificio entero brillase como si fueran rayos de luz. Además de esto había dos pórticos a cada lado, con filas de pilares, altos y bajos, que correspondían en el largo con la iglesia misma y también estos tenían sus techos adornados con oro. De estos pórticos, a los que estaban en el exterior de la Iglesia, los sostenían columnas de gran tamaño, mientras que los que estaban dentro se apoyaban en pilas de piedras hermosamente adornadas en la superficie. Tres puertas, ubicadas exactamente hacia el este, estaban dispuestas para recibir a las multitudes que entraban a la iglesia. 

 

Frente a estas puertas estaba la parte que coronaba todo, era el hemisferio que llegaba hasta la cima de la Iglesia. Éste estaba hecho en forma de círculo por doce columnas (de acuerdo al número de los apóstoles de nuestro Salvador). Los capiteles estaban embellecidos con boles de plata de gran tamaño, los cuales habían sido presentados como una espléndida ofrenda a Dios por el emperador mismo. En el siguiente lugar, rodeó al atrio que ocupaba el espacio que conducía hacia las entradas frente a la Iglesia. Esto abarcaba primero el patio, luego los pórticos de cada lado y finalmente las puertas del atrio. Después de éstas, en el medio del mercado al aire libre, estaban las puertas de la entrada general, que eran de una gran exquisitez. Permitían a los paseantes desde fuera tener una visión del interior que no podía menos que inspirar asombro. El emperador erigió este Templo como un monumento conspicuo de la Resurrección del Salvador, y lo embelleció por todas partes en una escala de imperial magnificencia. Continuó enriqueciéndolo con innumerables ofrendas de una belleza inexpresable y de varios materiales, - oro, plata, piedras preciosas… y el habilidoso y elaborado arreglo, que de acuerdo a su magnitud, cantidad y variedad, no nos permite en este momento el describirlo todo detalladamente."
(III, XXIV-XL. Extraido de la Biblioteca de los Clásicos Cristianos del Wheaton College (Universidad de Wheaton).

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Las columnas que aún continúan en pie del Triple Pórtico de Constantino
(Conocido como los Arcos de la Virgen)

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Otra vista de los restos del Triple Pórtico

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El periodo del esplendor (335-614 dC) 

La madre Iglesia de Jerusalén, ha mirado este lugar con gran respeto y amor. Fue aquí donde se reunió para celebrar el Misterio de la Salvación. Fue aquí donde se reunió para manifestar el gran amor de Dios a la humanidad. Testigos de este amor y respeto hacia este lugar, abundan en los diarios y escritos de los peregrinos que la visitaron durante esa época. Cirilo, obispo de Jerusalén, en una de sus homilías delante de la tumba, afirma que la antecámara de la tumba había sido quitada con el objeto de hacer sitio a las nuevas estructuras de los arquitectos bizantinos. También afirma que la gran piedra que cerró la tumba, seguía estando preservada cerca de la misma. El peregrino anónimo de Piacenza describe en el 570 las gemas impresionantes, los objetos de oro y de plata unidos a la piedra de la tumba. También afirma que la totalidad de la parte externa de la tumba estaba "cubierta de plata", y que un altar se encontraba enfrente de la tumba.

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Jerusalén según está representada en el mapa del Mosaico de Madaba
(Nótese la Iglesia del Santo Sepulcro en el centro de la viñeta)

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En la ciudad de Madaba (Jordania), un mosaiquista cristiano del siglo VI reprodujo la ciudad de Jerusalén en un mapa tal y como era en su época. Situó la Ciudad Santa en el centro del mosaico, también incluía los territorios que iban desde el Líbano hasta Egipto. La ciudad de Jerusalén domina este mosaico conocido como el Mapa de Madaba (descubierto en 1896), y puede verse como el edificio de Constantino del Santo Sepulcro, es el punto central de la ciudad amurallada.

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Las primeras destrucciones y las reconstrucciones (614-1009)  

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Toda la espléndida belleza y riqueza de la era posterior a Constantino se desvaneció en el año 614, cuando el 20 de mayo la ciudad de Jerusalén fue conquistada por las hordas dirigidas por el general Romizanes, conocido como Scharbaraz (cerdo real). "Cosroe –narra el patriarca Eutichio en los Anales– envió a su general Scharbaraz…, destruyó las iglesias de Constantino, la del Calvario y la del Sepulcro, quemó la iglesia del Calvario y del Sepulcro y destruyó la mayor parte de la ciudad". Esto fue un tremendo golpe. Casi todas las iglesias cristianas fueron arrasadas, todas las reliquias robadas y 33.877 personas muertas y enterradas en una cueva en Mamilla (según el relato dado por Tomás que cavó algunos de los sepulcros). El daño hecho durante el período persa, fue prontamente reparado gracias a la generosa ayuda de parte de los cristianos de Tiberías, Damasco, Tiro y Alejandría. Durante esta restauración el peñasco del Calvario fue cubierto mediante una iglesia.

Esta invasión persa sacudió la totalidad del imperio y para el año 622, el emperador Heraclio ya había recobrado todo el territorio y forzado a los persas a devolver los trofeos de guerra, entre los cuales estaba la reliquia de la Santa Cruz, que fue devuelta a la Iglesia del Santo Sepulcro el 20 de marzo del 630.

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El altar de la Virgen en el Calvario

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La llegada de los conquistadores árabes en el año 638, no alteró la Santidad de este lugar de culto. Así es como el Patriarca de Alejandría, Eutichio (siglo X), describe los acontecimientos de la conquista árabe:

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"Omar ibn al-Khattab y sus generales dejaron Siria, yendo hacia Jerusalén asediaron la ciudad. Sofronio, el Patriarca de Jerusalén, fue a ver a Omar ibn al-Khattab quien le otorgó su protección para los habitantes y la ciudad mediante una carta entregada al Patriarca en persona. Omar ibn al -Khatab otorgó la salvaguardia de los lugares cristianos, dando la orden de no destruirlos ni de usarlos como viviendas".

En este relato de Eutichio, se dice que Omar ibn al-Khattab hizo una visita a la Iglesia de la Resurrección y se sentó en su patio, a la hora de la oración dejó la Iglesia y rezó afuera temiendo que generaciones futuras pudieran usar su oración dentro de la iglesia como un pretexto para convertirla en una mezquita. Eutichio más adelante agrega que Omar ibn al-Khattab redactó también un decreto que se lo dio al Patriarca, en el que prohibía a los musulmanes que se reunieran en este sitio para sus oraciones.

Al principio del siglo IX un violento terremoto dañó la cúpula de la Anástasis. Los daños fueron reparados en el año 810 por el Patriarca Tomás. La iglesia fue incendiada en el año 841 y en el 935 los cristianos consiguieron superar los persistentes intentos de los musulmanes para construir una mezquita adyacente a la Iglesia. La Iglesia volvió a ser incendiada por los Musulmanes en el año 938 y el fuego rodeó a la basílica, al jardín del claustro y también a la Anástasis. Una vez más, la iglesia fue incendiada en el año 966 como venganza por la guerra perdida en Siria por el ejército Musulmán. Pero todos estos infortunios, sólo afectaron a las estructuras de madera que pudieron ser reparadas mediante un gran sacrificio de la ya empobrecida comunidad cristiana.

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La gran destrucción y su secuela (1009-1099)  

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En el año 1009, el Fatimita Califa de Egipto al-Hakim explícitamente ordenó la destrucción de la Iglesia del Santo Sepulcro. El historiador árabe Yahia ibn Said describe así los acontecimientos: "el hecho santo comenzó un martes, el quinto día antes del fin del mes de Safar, del año 400 de la Egira (año 1009 de nuestro calendario). Solamente las partes de difícil acceso no fueron dañadas". Empezaron por demoler la tumba misma, la cúpula y las partes altas del edificio hasta que los restos que se juntaron a sus pies bloquearon su destrucción.

Durante once años se les prohibió a los cristianos visitar los destrozos en este lugar. Tampoco se les permitió rezar en las ruinas. Solamente años más tarde, los cristianos pudieron reconstruir su santuario en ese mismo sitio. Esto fue posible gracias a un tratado de paz entre el emperador Bizantino Argirópulos y el sucesor de al-Hakim, en el que la reconstrucción del Santo Sepulcro estuvo estipulada. Los trabajos comenzaron bajo el emperador Constantino Monómaco.

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Columnas de la Basílica Constantiniana enterradas bajo el piso de la Basílica después de la destrucción,
tal como fueron encontradas por los arqueólogos

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Cuando los arquitectos imperiales estudiaron la situación del Santo Sepulcro en Jerusalén, llegaron a la conclusión de que era imposible restaurar la totalidad de la estructura Constantiniana. Así que optaron por conservar solamente la Anástasis, con un ancho ábside hacia el este y varias pequeñas capillas en el área del jardín, del claustro y el Martyrium. Estos trabajos se hicieron entre el año 1042 y 1048. En esta reconstrucción, el atrio Este, el Martyrium, el jardín y el claustro se esfumaron. Con la restauración de la Anástasis y de la cátedra del obispo, la belleza de la iluminación directa del sol se perdió para siempre.

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Pisos de mármol hechos durante la época del emperador Monómaco.
Este piso fue desenterrado durante la investigación arqueológica

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A pesar de los cambios, el nuevo sistema hizo también algunas obras espléndidas. Las paredes y la cúpula se cubrieron de mosaicos. El abad ruso Daniel, visitó Jerusalén en el 1106-1107 y dejó esta descripción: "La Iglesia de la Resurrección es de forma circular y tiene doce columnas monolíticas y seis pilares. El piso está construido con hermosos bloques de mármol.

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Piso de mármol de la época del emperador Monómaco
(En la capilla de Santa María Magdalena)

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Tiene seis entradas y tribunas con 12 columnas. Vistosos mosaicos de los sagrados profetas bajo el cielo raso y sobre la tribuna. Sobre el altar hay un mosaico con la imagen de Cristo. En el altar principal se ve el mosaico de la Exaltación de Adán. La Anunciación ocupa los dos pilares al lado del altar. La cúpula de la Iglesia no está cerrada por un arco de piedra, sino que está hecha por dos vigas de madera en forma de cinturón. De esta manera la Iglesia tiene una apertura arriba del todo. El Santo Sepulcro se encuentra bajo esta cúpula abierta..."

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La capilla de la "Prisión de Cristo"

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El peregrino Daniel vio mosaicos en la Capilla de la Crucifixión en el Gólgota. Visitó la capilla de la "Prisión de Cristo", la del "Encuentro de la Cruz" y la capilla dedicada a la aparición de Jesús ante su madre, hacia el norte de la Anástasis.

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La transformación del período Cruzado (1099-1188)

Los cruzados conquistaron Jerusalén el 15 de julio del año 1099. Su intención era la de devolver su esplendor al Santo Sepulcro. Al principio solamente retocaron la construcción sobre la tumba de Jesús. En el 1119 la aedicula entera fue completamente reconstruida por el escultor boloñés Renghiera Renghieri. Fue durante esta reconstrucción, que el vestíbulo de la tumba fue añadido (previamente había sido sacado durante la construcción de Constantino).

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La Cúpula y el campanario de la Iglesia

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Los cruzados concibieron la idea de reunir los santuarios encontrados en el lugar, bajo un nuevo monumento en forma de cruz. El Santo Sepulcro fue reparado y una aedicula puesta sobre él: la Rotonda se conservó en su mayor parte, completada con un gran arco triunfal que daba hacia la nueva iglesia erigida en el lugar del antiguo jardín y usado como coro (lugar donde se ubica para cantar dentro de la iglesia), el cual estaba entre pilares y columnas, provisto de una tribuna y rodeado por un pasillo. Pero las naves no podían tener la misma proporción y contener en la parte norte, el pórtico del jardín conocido como los "Arcos de la Virgen", y en la parte sur, la Capilla del Gólgota. Hacia el este, el nuevo edificio tuvo que ser limitado mediante pequeños oratorios, en recuerdo de ciertos acontecimientos de la Pasión, que se abrían hacia un pasillo. También desde el pasillo descendía una escalera hacia la Capilla de Santa Elena y la Cripta del Encuentro de la Santa Cruz. Una fachada románica se abrió a un patio sur, en el cual en su rincón noroeste se construyó un campanario de cinco pisos (48 metros. En la esquina nordeste un acceso separado y monumental al Calvario fue construido.

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La Capilla -acceso al Calvario - El campanario del Cruzado

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Los cruzados se esforzaron al máximo para completar los mosaicos ya existentes y también por añadir otros nuevos en las paredes. Obviamente toda esta nueva decoración de los cruzados, llevaba inscripciones en latín.

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Escultura de un Cruzado del Santo Sepulcro

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La nueva basílica fue consagrada por el obispo Fulcherios el 15 de julio del año 1149, 50º aniversario de la Conquista de Jerusalén, como se podía leer en una inscripción latina grabada sobre el bronce de la puerta principal: "Este santo lugar ha sido santificado con la sangre de Cristo, por lo tanto nuestra consagración no añade nada a su santidad. Sin embargo, el edificio que cubre este lugar santo ha sido consagrado el 15 de julio por el Patriarca Fulcherios y por otros dignatarios, en el año IV de su patriarcado y en el 50º aniversario de la captura de la ciudad, la cual en ese momento brillaba como oro puro. Era el año 1149 del Nacimiento de Cristo."

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Período de decadencia

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Jerusalén cayó ante el Ejército de Saladino en el año 1188. La iglesia del Santo Sepulcro fue cerrada y nadie podía oficiar en ella. De hecho el peregrino Titilar, en el año 1217, observó que la Iglesia del Santo Sepulcro y el lugar de la Pasión estaban siempre cerrados, sin servicio religioso y sin honores, y que las puertas se abrían solamente para los peregrinos que pagaban bien. Los cristianos obtuvieron permiso para usarla solamente durante el cese del fuego de 1192 y 1229. En el 1244 muchos cristianos murieron durante las invasiones y el edificio del Santo Sepulcro se dañó.

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Una vista de la cámara del Sepulcro

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El mundo cristiano protestó fuertemente contra la masacre y el Sultán Ajub, se disculpó en 1246 ante el Papa Inocencio IV diciendo que todo había sido hecho sin su conocimiento. También le informó al Papa que le había dado las llaves de la basílica a dos familias musulmanas, quienes tenían que abrir las puertas de la basílica para los peregrinos que llegaban al lugar. Estos guardianes de las llaves del Santo Sepulcro, abrían la iglesia sólo en ciertos días y después de recibir una compensación adecuada. Desgraciadamente, los guardianes de las llaves siguen siendo una realidad hoy en día.

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Los peregrinos que venían de todas partes del mundo, después de pagar elevados impuestos, acostumbraban ser recibidos dentro de la iglesia, y se les ofrecía un lugar y un altar donde podían celebrar su liturgia. Ésta fue la época en la que varias colonias que llegaron de Mesopotamia, Egipto, Armenia, Etiopía, Siria, Grecia y Georgia, se establecieran alrededor del Santo Sepulcro. La reina Tamara de Georgia hizo un arreglo con el sultán de Egipto, que permitía a la colectividad de Georgia estar exenta de impuestos y vivir dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro. Solían recibir regalos y alimentos a través de agujeros hechos en la puerta de la Basílica.
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Este es un período muy oscuro en la historia del Santo lugar de culto. Oficiales públicos sin escrúpulos, jugaban con la vida de los cristianos para permitirles entrar en este santo edificio. En múltiples ocasiones se llevaban a cabo remates públicos. El santuario decaía poco a poco. Los mosaicos de las paredes se iban deteriorando y junto con ellos la totalidad de la estructura comenzó a venirse abajo.

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La fachada de la Basílica del Santo Sepulcro

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Los Cristianos en la puerta del Santo Sepulcro

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Las fuerzas militares del oeste, después de fracasar en varios intentos por la conquista de los Santos Lugares (manu militari), trataron de lograr acuerdos que asegurasen la asistencia de los peregrinos. La pareja real de Nápoles, Angió y Sancha de Mallorca (1309-1345), tuvieron éxito después de largas negociaciones y grandes sumas de dinero para obtener de Melek en-Nazer, una residencia oficial para la comunidad latina de Jerusalén dentro del Santo Sepulcro.

Con la aprobación del Papa Clemente VI, esta responsabilidad fue otorgada a los Franciscanos que se establecieron en el Monte Sión en el año 1335. La bula papal "Gratias Agimus", del Papa Clemente VI, escrita para el superior de la Orden de Frailes Menores, estableció que los "frailes de vuestra Orden puedan vivir permanentemente en la Iglesia del Santo Sepulcro y allí celebrar solemnemente las Misas y otros oficios divinos". De hecho, los Franciscanos recibieron la Capilla de la Aparición de Cristo que desde entonces nunca han abandonado
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La Aedicula del Santo Sepulcro

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El Franciscano Niccolo da Poggibonsi visitó Tierra Santa entre los años 1346-1350 y pasó cuatro meses ayudando en el Santo Sepulcro. En su relato "Un viaje más allá de los mares", descubre la situación dentro del Santo Sepulcro: "Deseoso me siento de relatarles acerca de los altares que se encuentran allí dentro y que, en su totalidad, son 20: porque cada confesión de cristianos tiene su propio altar. En el Domingo de Ramos y en la Santa Pascua todos van allí, cada confesión con su propio sacerdote, y cada sacerdote celebra su Misa en el altar mayor…" También afirma que la Capilla del Santo Sepulcro fue la propiedad de un Sarraceno que "abría la puerta, hacía entrar a la gente y los dejaba dentro por el tiempo que duraban tres Padrenuestros, después los llevaba fuera y cerraba la puerta con llave". También aseguró que el Calvario estaba en manos de los Armenios.

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Los altares de la Dolorosa y de la Crucifixión del Calvario

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Algunos años después las cosas cambiaron y los monjes dieron la impresión de poseer mucho espacio dentro de la basílica. En realidad, el Ruso Archimandrita Gretenius que vino en peregrinación durante los primeros años del siglo XV, dice que dentro de la Basílica viven permanentemente un sacerdote Griego, uno de Georgia, un Frank (esto es un fraile menor), un Armenio, un Jacobita y un Abisinio. Declara que en la aedicula de la tumba había una pintura de un Cristo Resucitado junto a un San Francisco arrodillado. También dice que los frailes de la cuerda (como en un principio se les conoció a los Franciscanos), poseían el Calvario junto con los Armenios. Todo esto se debió probablemente a las firmas otorgadas por el Sultán Barquq (1382-1399), a favor de los frailes del Santo Sepulcro.

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El Katholicón – el coro Griego

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Más adelante el sultán Barsabai (1419-1467), ordenó a las autoridades de Jerusalén que a los frailes "no se les debía impedir entrar en los sitios a los que estaban acostumbrados a ir y allí celebrar sus funciones y solemnidades tal como su religión se lo requería, efectuar su adoración tanto ellos como los que los acompañan en el altar situado en el Calvario, dentro del Santo Sepulcro, siguiendo su costumbre, mantenida desde hacía muchos años antes y de acuerdo a las nobles normas que ellos poseen".

Según Fray Francesco Surian (1485), los Franciscanos habían cambiado el altar fijo dentro de la Aedicula del Santo Sepulcro por uno movible y de madera, para que siempre fuera posible celebrar la Eucaristía. También afirma que nadie podía celebrar sin previo permiso de los Franciscanos, quienes además tenían la llave de la Aedicula. Un testimonio similar lo da Félix Faber en el año 1483, quien declara que "las llaves del dulce Sepulcro están en las manos del Fraile Menor, y ellos lo abren y lo cierran para quien lo desea y allí dentro celebran Misas cuando lo desean". En el año 1475 los Armenios cedieron sus derechos sobre el Calvario a los Franciscanos, que hicieron un altar, creando la Capilla de la Crucifixión.

Éste fue un período de relativa calma, cuando todas las confesiones cristianas presentes en el Santo Sepulcro tuvieron éxito al encontrar la manera de vivir juntos y hasta celebrar juntos la Semana Santa, incluyendo la peregrinación del Domingo de Ramos desde Bethfage.

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Bajo los Turcos (1517-1917)

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Durante este período, el centro del poder Islámico fue transferido de la dinastía Mameluca de Egipto a los Otomanos Turcos. La armada turca causó grandes destrozos por todo el Mediterráneo. Conquistó la isla de Rodas y ocupó el Medio Oriente. Hubo batallas contra los poderes de la Europa cristiana. Fueron rechazados en 1565. Durante tres meses sitiaron Malta, que en esa época había pasado a ser gobernada por los Caballeros de San Juan. En ese momento Constantinopla se convirtió en la sede del nuevo poder turco.

Se presentan los siguientes eventos, no solamente para la cronología histórica basada en documentos y hechos, sino especialmente para ayudar a comprender cuanto se ha logrado hoy en día mediante el diálogo mutuo y el respeto entre las fraternidades cristianas que viven en el Santo Sepulcro. No se trata de una bofetada en la cara sino de una palmada en la espalda.

"Restaurar la unidad concierne y envuelve a la totalidad de la Iglesia, ya se trate de los fieles como del clero. Y se extiende a todos, de acuerdo al talento de cada uno, ya sea ejercitándose en la vida diaria o a través de estudios teológicos e históricos. El sentirse concernido revela hasta cierto punto el hecho de la unión a través de la hermandad que existe entre todos los cristianos, y lleva hacia una unión grande y hacia una unidad perfecta, de acuerdo a lo que Dios mediante su bondad desea". (Vaticano II, Unitatis Redintegratio – Decreto sobre el Ecumenismo, 5).

Bajo el nuevo dominio Turco la comunidad griega, convertida en súbdito del Imperio Otomano, trató de obtener la posesión de la Iglesia del Santo Sepulcro. Al entrar a Constantinopla en 1453, Mohammed II proclamó al Patriarca griego de Constantinopla, como cabeza religiosa civil de todos los Cristianos de Oriente que residían en su Imperio.


El Patriarca Theophanis, con la ayuda de Gregorio, subalterno del obispo, obtuvo en 1633 un firman fechado con anterioridad en los tiempos de Omar (638), que le confería a él la posesión de la Gruta de la Natividad, del Monte Calvario y la Piedra de Unción en el Santo Sepulcro. Gregorio confesó la falsedad y entonces, los Poderes de Occidente y el Papa Urbano VII, consiguieron que el plagio fuera borrado en 1636.


Fue una época en la que el dinero y el oro llegaron a su valor máximo. Las intrigas convirtieron a la Iglesia del Santo Sepulcro, en un trofeo muy valorado que el sultán podía vender al mejor postor. Efectivamente entre el 1630 y 1637, bajo Murad IV (1623-1640), varias partes del Santo Sepulcro cambiaron de mano seis veces. Los Franciscanos no hubieran podido mantener esta costosa batalla si no hubiera sido por Francia, que se convirtió en el protector oficial de los Santos Lugares y sus custodios.

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Las lámparas de plata delante del Santo Sepulcro

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Durante la prisión de los Franciscanos (1537-1540), los Coptos obtuvieron el permiso del gobierno turco de erigir un altar detrás de la Aedicula del Santo Sepulcro.

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La capilla de los Coptos detrás de la Aedicula del Santo Sepulcro

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El terremoto de 1545 sacudió el campanario y una parte cayó sobre el baptisterio debajo de él.

En 1555 el Padre Boniface de Ragusa, Custos (Custodio) de Tierra Santa, obtuvo el permiso de restaurar partes de la basílica y renovar por completo la Aedicula. Ésta era una restauración de gran nivel y el fraile dejó una detallada descripción del trabajo llevado a cabo. Era la primera vez desde 1009, cuando la tumba fuera destruida bajo los martillos de los soldados de al-Hakim, que la roca desnuda de la tumba fue de nuevo vista por ojos humanos. De hecho, él escribe que el 27 de agosto de 1555 a las 4 p.m. la roca-lecho sobre la cual yació el cuerpo de Nuestro Señor fue descubierta.

"Los trabajos comenzaron extrayendo la estructura existente, apareció delante de nuestra mirada la tumba del Señor claramente cavada en la roca: en ella eran visibles imágenes de dos ángeles uno de los cuales llevaba una inscripción que decía ¡Ha resucitado! No está aquí" mientras que el otro, señalando a la tumba, proclamaba "Ved el lugar donde lo pusieron". Las imágenes de estos ángeles, cuando estuvieron en contacto con el aire, se desvanecieron por completo. 

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Cuando tuvimos en las manos una de las placas de alabastro que cubrían el sepulcro, ubicado allí por Santa Elena con el objeto de celebrar el santo sacrificio de la Misa, apareció ante nosotros ese inefable lugar en el que yació durante tres días el Hijo del Hombre; "ut plane coelos apertos videre tunc nobis, et illis, qui nobiscum aderant omnibus videremur". En el lugar, que había sido empapado con la sangre preciosa y con la mezcla de ungüento, con el cual lo habían cubierto para enterrarlo, se desparramó por todas partes una luz brillante como si fueran los luminosos rayos del sol. Estaba descubierto ante nosotros, venerado con gemidos de devoción, con alegría espiritual y con lágrimas junto a quienes estaban presentes (realmente había bastantes Cristianos, ambos de Occidente y de Oriente), los cuales llenos de devoción celestial, algunos derramaban lágrimas, otros se encontraban profundamente excitados, todos estaban asombrados y eran presa de una especie de éxtasis. 

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En el centro del Santo Lugar encontramos un pedazo de madera, que lo habían ubicado allí y lo habían puesto en una tela de mucho valor: al tenerlo en nuestras manos, con gran devoción lo besamos y al contacto con el aire la tela se deshizo inmediatamente, dejando sólo unos hilos dorados. En ese pedazo de madera preciosa habían algunas inscripciones, pero tan consumidas por el tiempo que no era posible armar una frase completa usando esas palabras, aún cuando en una membrana pudimos leer en latín y con letras mayúsculas ELENA MAGNI".

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Vista con perspectiva de la Aedicula

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En 1644 los Georgianos, incapaces de hacer frente a los gastos dentro de los intrincados arreglos con las autoridades turcas, dejaron definitivamente la Basílica del Santo Sepulcro, seguidos, unos pocos años después, por los Abisinios. Los Franciscanos adquirieron la mayor parte de la propiedad abandonada por otras congregaciones.

El asunto sobre la posesión del lugar, se volvió aún más agudo cuando el Patriarca Dosithens (1669-1707), hizo un arreglo con otro firman en 1676, otorgándole la exclusiva posesión del Santo Sepulcro a los Ortodoxos.

Debido a la presión de los poderes europeos, Turquía formó un tribunal especial para examinar los documentos presentados por las dos partes. El resultado fue un firman en 1690, mediante el cual los Franciscanos debían ser reintegrados ya que lo habían sido antes de 1630. La sentencia fue solemnemente publicada en Jerusalén el 25 de junio de 1690, en presencia de las autoridades y de las partes en conflicto. El 29 de junio, el Custodio Franciscano, con una solemne Misa, tomó nuevamente posesión del Santo Sepulcro y de los demás lugares dentro de la Basílica.

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Una vista del Altar de la Crucifixión en el Santo Calvario

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Hacia el final del siglo XVII la cúpula de forma cónica de la Anástasis, construida por Constantino Monómaco, comenzó a derrumbarse. En 1691 los frailes pidieron los permisos necesarios a Turquía para poder reparar los daños. El permiso se les dio en 1719 y sabiendo que ese tipo de trabajos podía fácilmente ser suspendido por las autoridades Otomanas, hicieron lo posible para llevar a cabo una rápida intervención empleando a 500 hombres, los cuales eran controlados por 300 soldados. Entre los trabajos que se hicieron están la cúpula, la escalera a la Capilla del Encuentro de la Cruz y la Piedra de la Unción. Simultáneamente los Armenios reestructuraron la escalera de la Capilla de Santa Elena y los griegos empujaron hacia abajo los dos pisos más altos del campanario. La Aedicula del Santo Sepulcro fue restaurada en 1728.

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Vista de la Piedra de la Unción

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En el Domingo de Ramos de 1767 los Griegos entraron a la Basílica del Santo Sepulcro y crearon un caos, acusando a los frailes de toda clase de intrigas. La parte Otomana, sin investigar, entregó un firman a los Griegos dándoles la posesión conjunta con los Latinos, de partes de la Basílica del Santo Sepulcro. A pesar de las reclamaciones del Papa Clemente XIII a todos los Poderes Occidentales, el firman se hizo y la posesión de los Santos Lugares ha tenido cambios leves desde entonces.

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El Altar del Katholicón

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El siglo XIX se abrió con el gran incendio de 1808, en la Basílica del Santo Sepulcro, que causó un daño enorme al lugar. Debido a las guerras Napoleónicas en Europa, los frailes no encontraron suficiente dinero para conseguir los permisos necesarios de Turquía para realizar la restauración. Rusia, patrona de la comunidad Ortodoxa, obtuvo el permiso para que la comunidad Ortodoxa realizara la restauración.

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Los Armenios durante una procesión

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En 1860 el embajador francés General Aupick, en nombre de los países católicos, pidió que se les devolvieran a los Franciscanos los derechos otorgados antes de 1767. El gobierno Otomano estaba dispuesto a aceptarlo, pero el Zar Ruso Nicolás intervino y le ordenó al Sultán que no hiciera ningún cambio en la situación bajo amenaza de romper las relaciones diplomáticas. Turquía se vio forzada en 1862 a sacar un firman disponiendo que el Statu Quo (o sea el de 1767) se mantuviera.

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Un nuevo inicio

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Quizás nunca a lo largo de su historia, la iglesia del Santo Sepulcro había caído en tal grado de humillación como ocurrió en el siglo XIX. El remedio fue peor que la enfermedad, cuando el 13 de septiembre de 1810 Komninos de Mitilena presentó su restauración, en la que no quedaba nada o al menos nada visible de la Basílica construida en el siglo XII por los arquitectos de los Cruzados. Grandes pilares habían reemplazado a las columnas, las ventanas se habían cerrado, simples paredes tapaban los hermosos arcos de ojivales de la nave central, el lugar de culto de la tumba se veía completamente reconstruido en un estilo dudoso. Las tumbas de Godofredo de Bouillon y de Balduino I se sacaron para dar lugar a dos empinadas escaleras que subían al Calvario. El mármol de la Piedra de la Unción (que llevaba el Escudo de Armas Franciscano), fue reemplazado por uno común. Uno entraba a un lugar sin belleza, sin luz ni aire, y con el tiempo se convirtió en un espacio oscuro.

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La imagen de Cristo en la Aedicula

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La situación empeoró con los fuertes terremotos de 1867. Sacudieron de tal manera la cúpula central, que hubo que echarla abajo y reemplazarla por una estructura metálica. Otro terremoto sacudió a Palestina en 1927 y el edificio entero estuvo a punto del colapso. En 1934 las autoridades británicas, que administraban Palestina desde el fin de la primera guerra mundial, decidieron reforzar la totalidad del edificio (por dentro y por fuera), mediante sostenes de hierro y estructuras de madera, como sugirió el arquitecto Harvey. Esto desfiguró por completo el monumento.

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Vigas de hierro sosteniendo a la Aedicula

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En 1949 el Delegado Apostólico de Jerusalén, Monseñor Testa, escribió un volumen sumamente documentado que se preparó en colaboración con la Custodia de Tierra Santa sobre la necesidad de restaurar este monumento:

"Este es un proyecto que estamos ofreciendo a los hombres de buena voluntad. Si existen otros que sean capaces de preparar uno mejor, que se hagan presentes. Nosotros los Cristianos del mundo, debemos compadecernos de estas antiguas piedras que probablemente se caerán, y de esas paredes demasiado inseguras y la falta de sostén de este edificio, que se ha vuelto miserable a través de los siglos..."

Por fin, después de protestas y peticiones públicas, las cosas empezaron a moverse en la dirección adecuada. En 1954 las tres comunidades mayores, la Custodia Franciscana de Tierra Santa, el Patriarcado Griego Ortodoxo y el Patriarcado Armenio Ortodoxo, llegaron a un acuerdo para encontrar una solución permanente para el problema. Después de muchos encuentros preliminares, el 16 de mayo, decidieron que antes de empezar con los trabajos necesitarían un informe detallado hecho por expertos sobre el estado exacto de las estructuras del monumento. Los tres arquitectos designados, hicieron y presentaron un informe en común el 11 de julio del mismo año y se lo entregaron a las tres comunidades y al gobierno de Jordania.

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La parte superior de la Aedicula

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En 1955 la Custodia de Tierrra Santa, intentó acelerar las fechas y hacer participar a los países cristianos del mundo, invitando a Jerusalén a una comisión experta constituida por siete arquitectos que vinieran de Francia, España, Bélgica, Estados Unidos, Gran Bretaña y Holanda. Cada arquitecto preparó su informe separadamente y, el 24 de agosto entre todos, prepararon un informe común en el que confirmaban la necesidad de restaurar la fachada, la nave y la cúpula. No solamente eso, sino que se pusieron de acuerdo sobre algunas de las más importantes líneas de acción tal como el arquitecto veneciano dice:

"con el objeto de devolverle al santuario por excelencia de la Cristiandad, la seguridad y la dignidad que todo creyente invoca con fe y un corazón conmovido, necesitamos usar todos los sistemas de la tecnología moderna".

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Vista desde lo alto de la entrada de la Aedicula a la tumba

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Una oficina técnica controlada por tres arquitectos de las tres comunidades fue instalada, y el trabajo de restauración comenzó el 3 de julio de 1961. El 4 de enero de 1964, el Papa Pablo VI visitó el lugar y habló acerca del proyecto de restauración con el Patriarca Griego ortodoxo Benedictos:

"Es muy simbólico que aún teniendo en cuenta el peso de la historia y las numerosas dificultades, los Cristianos desgraciadamente separados entre si, trabajen juntos para restaurar este templo que ellos mismos habían construido, sintiéndose unidos y al que sus diferencias dejaron que cayera en la decadencia".

Así fue como la Iglesia del Santo Sepulcro volvió a convertirse en una señal de esperanza, en una resurrección que finalmente pueda unir a todos los Cristianos del mundo alrededor de la Tumba de Cristo.

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La cúpula de Anástasis Restaurada

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Los últimos trabajos en el Santo Sepulcro

 

El 2 de enero de 1997 la Iglesia del Santo Sepulcro respiró vida nuevamente. Los rayos de la luz del sol volvieron a bajar para iluminar el área. Fue a las 10:00 a.m. cuando las cortinas fueron descorridas ante el asombro de los fieles y de las personalidades que tomaron parte en la sencilla pero significativa ceremonia. Éste es el último logro dentro de la recuperación del monumento en este Santo lugar de la cristiandad. Las señales de esperanza previstas por los años sesenta están dando sus frutos. Todos los visitantes del Santo Sepulcro de los últimos años, no han visto la cúpula tal y como estuvo, oscurecida completamente, debido a unos andamios que esperaban el acuerdo entre los tres ritos mayores que ofician en el Santo Sepulcro. Por descontado se expresa el deseo a todos los Cristianos de que este lugar, testigo de semejante "Misterio de Amor", sea realmente no sólo cuidado, sino también elevado en su dignidad. Es cierto que hasta las expresiones artísticas del Este y del Oeste, si se plasman bien, pueden brindar una atmósfera armoniosa.

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Detalles de la cúpula restaurada

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Por debajo de la luz que pasa a través de la linterna de la cúpula, no se puede sino mirar con renovada esperanza el desgaste de "La Tumba", rodeada por vigas de metal para protegerla y evitar su derrumbe bajo el peso del tiempo. Queda la esperanza de ver, al menos, "La Tumba" liberada de la acumulación del peso del tiempo. Que esto no sea sólo un sueño, sino la visión de un futuro que las generaciones existentes puedan compartir en su inherente belleza. Con esta inauguración de la decoración de la Cúpula, una nueva "Luz" penetra en el lugar desde el que la "Luz del mundo" vino en un Domingo de Resurrección.

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Detalles de la Cúpula del Santo Sepulcro restaurada

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Fue el 19 de agosto de 1994, cuando el Padre Giuseppe Nazzarro ofm., Custodio de Tierra Santa; Diodoros I, Patriarca Griego Ortodoxo de Jerusalén y Torkom Manoogian, Patriarca Apostólico Armenio de Jerusalén, firmaron un histórico acuerdo en el hall del Patriarcado Griego para restaurar la cúpula. El diseño definitivo consta de 12 rayos de oro que representan a los 12 Apóstoles. Cada rayo de luz, termina en tres haces que representan a la Trinidad. La luz natural pasa a través del tambor central que, junto a la luz artificial disimulada, aumenta el fondo de madreperla que brilla a medida que se asciende y se vuelve fluorescente con las estrellas. El fondo representa la descripción bíblica de la nube luminosa de la Presencia Divina.

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Detalles de la Cúpula del Santo Sepulcro restaurada

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Que la "Luz del Señor" brille en todo el mundo, así como hoy un rayo de luz llegó desde la cúpula para iluminar los obscuros rincones alrededor del lugar de la Resurrección. Que éste sea otro eslabón para la construcción del diálogo ecuménico que, por fin, renueve todas las estructuras que sostienen este Santo lugar.

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Dirección de su Beatitud Diodoros I,
Patriarca Griego Ortodoxo

EN LA CEREMONIA DE INAUGURACIÓN, DE LA RESTAURACIÓN DE LA CÚPULA DE LA IGLESIA DEL SANTO SEPULCRO

A sus Beatitudes, a su Paternidad, a sus Excelencias, sus Eminencias, Estimados Sr. George Doty y Sra., Honorables Huépedes:

"Bendito sea el nombre del Señor".

 

Durante estos días, estamos meditando en el Misterio de la Encarnación de la Palabra de Dios y nos alegramos por la obra de Salvación de Nuestra humanidad. Además no dejamos de agradecerle a nuestro Redentor, nuestro Señor Jesucristo, quien mediante la Cruz y la Tumba descendió a los Infiernos y resucitó de entre los muertos al tercer día, resucitando así junto a Él al hombre caído.

Con profunda gratitud y humildad ante las muchas y variadas bendiciones que a diario disfrutamos gracias a Él, ahora nosotros rodeamos su Tumba Santísima y dadora de Vida, para proclamar públicamente nuestra felicidad y alegría por la Encarnación de la Palabra, que a través de su Amor y Caridad nos ha hecho merecedores de experimentar extraordinarios sucesos en nuestro servicio religioso a nuestra Iglesia de Tierra Santa. Entre sus dones figura el haber llevado a cabo la decoración de la Gran Cúpula de la Iglesia del Santo sepulcro, que completa los trabajos de restauración en esa parte, comenzados hace algunas décadas.

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Detalles de la restauración de la Cúpula del Santo Sepulcro

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Hoy hemos llegado a un punto muy significativo, como señal del progreso de todos los trabajos de las tres Comunidades cristianas (el Patriarcado Griego Ortodoxo, la Custodia de Tierra Santa y el Patriarcado Armenio), que realizaron en este Monumento Cristiano universalmente aceptado. La Iglesia del Santo sepulcro guarda viva su identidad litúrgica como un lugar de devoción, mientras sigue manteniendo su excepcional contribución a la herencia cultural del mundo.

Hoy, 2 de enero de 1997, es un gran momento histórico. Las largas centurias de existencia de la Iglesia del Santo Sepulcro dan a estos Santos Lugares de nuestra fe cristiana, las señales visibles de la Salvación a la Humanidad. Aunque esta Iglesia haya experimentado varias invasiones y destrucciones, nunca cesó de mantener abiertas sus puertas a toda la gente: para aquellos que creen en Jesucristo y su Enseñanza y para quienes no creen. A todos, Ella les demuestra la Pasión, la Crucifixión y la Resurrección de Nuestro Cristo, el Redentor.

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La cúpula renovada

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La ceremonia de hoy, única en su especie, es el fruto espléndido que requirió la cooperación entre nuestras ya mencionadas tres Comunidades religiosas, para la restauración y decoración de la gran cúpula. Más allá de esto, se trata de una expresión de nuestra hermanada coexistencia, que nos enseña a perdonar, a reconciliarnos, amarnos y unirnos. Aquel en quien creemos y a quien proclamamos Señor, aquí "extendió Sus brazos y unió lo que antes se hallaba dividido", llamándonos a todos nosotros para que fuéramos "uno solo" (Jn 17,21). Es una proclamación de la presencia a lo largo de los siglos de cristiandad en esta Tierra Santa, que dentro de tres años celebrará el Santo Jubileo del Nacimiento Carnal de Cristo, Nuestro Señor...

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La nueva Luz Celestial de la cúpula renovada

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Por lo tanto, rogamos para que este evento pueda convertirse en el inicio de nuestro acercamiento espiritual. Que en una profunda toma de conciencia de la responsabilidad de nuestra misión, podamos ingresar en el Tercer Milenio llevados por la Verdad que es Cristo. Teniendo en común la Fe en el Evangelio y en la ejemplar Diakonía del Amor hacia toda la gente.

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Un detalle

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Compartiendo estos momentos durante esta memorable ocasión, agradecemos cordialmente a todos ustedes que están aquí presentes. Expresamos los sentimientos desde el fondo del corazón de nuestros amados hermanos: Su Paternidad, el Custos Giuseppe Nazzaro, y Su Beatitud, el Patriarca Armenio Torkom Manoogian. Agradecer a nuestros consultantes y a todos los que contribuyeron en la realización de este proyecto. En especial felicitamos al señor George Doty y a su Señora, por su espléndida y generosa contribución y por su piadosa participación en este proyecto, mediante el cual la decoración de la Cúpula pudo realizarse. Sin duda, la historia preservará sus nombres entre los de los grandes benefactores de esta Iglesia del Santo Sepulcro.

Ojalá podamos rezarle al Señor para que de nuevo logremos reunirnos y poder celebrar los acontecimientos benditos de nuestra fe".


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Capilla Franciscana del Santísimo Sacramento (o Capilla de la Aparición)
(En memoria del encuentro de Jesús con su madre después de la Resurrección)

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Los Franciscanos en el Santo Sepulcro

 

Para los Franciscanos de Tierra Santa, éste es un lugar de culto al que han dedicado toda su energía y su vida. Hoy en día en el Santo Sepulcro, los Franciscanos celebran diariamente la liturgia católica romana y asisten a los miles de peregrinos que invaden el lugar. Entre las celebraciones litúrgicas diarias en el más Santo y Cristiano lugar, los Franciscanos llevan a diario una procesión durante la cual se visitan y se inciensan todos los altares y capillas mientras se reza y se cantan himnos. También celebran la Eucaristía y la Liturgia de las Horas. Su vida está regulada por el "Status Quo", lo cual a veces dificulta introducir innovaciones incluso en el ejercicio del culto. Vale la pena señalar, sin embargo, que todas las celebraciones litúrgicas de los franciscanos siguen el rito católico romano, de acuerdo a las normas prescriptas por la Iglesia Católica posterior al Concilio Vaticano II.

La vida de los Franciscanos que viven dentro del Santo Sepulcro, está planificada de tal modo que a diversas horas del día y de la noche ofrecen su alabanza y oración en estos santos lugares. El Status Quo establece como, cuando y dónde, todas las comunidades residentes comparten la hora y los espacios para las oraciones. Este código regula no sólo las principales celebraciones del calendario litúrgico, sino también los sucesos diarios, semanales, mensuales y anuales.

Los Griegos celebran su Eucaristía diaria dentro de la Tumba de nuestro Señor de la 1:00 a.m. hasta las 2:30 a.m. A partir de esta hora los Armenios toman su lugar. Por su parte, los Franciscanos continúan a las 4:00 a.m. y terminan sus servicios con una solemne Eucaristía comunitaria a las 7:00 a.m. Para sus plegarias diarias los Franciscanos usan la Capilla del Santísimo Sacramento, en donde se reúnen para las diversas oraciones de la Liturgia de las Horas, incluyendo maitines a las 11:45 p.m.

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La Capilla Franciscana de Santa María Magdalena

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Excavaciones en la Capilla Franciscana de Santa María Magdalena
(Los pilares de la Anástasis de la parte trasera han sido reemplazados por columnas de mármol)

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Apertura y clausura de la puerta de la Basílica

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Muchos peregrinos que visitan los Santos Lugares e incluso los lugares de culto del Santo Sepulcro, no asumen ni se dan cuenta que aún en la actualidad el rígido código del Status Quo, describe exactamente los tiempos y la modalidad con los que la puerta principal de la Basílica se abre y se cierra. Como ya se ha mencionado, las llaves de la basílica están guardadas por dos familias musulmanas, de Judea y de Nuseibeh. De hecho, la puerta permanece cerrada en la parte exterior.

La "apertura" de la Basílica es por sí misma una ceremonia. Esto da una idea de las dificultades que el status quo impone a las congregaciones que viven dentro del recinto del Santo Sepulcro. Antes del 1831, la apertura y el cierre de la puerta la realizaban estas familias solamente después del pago de un impuesto que fue abolido por Ibrahim Pasha en ese mismo año.

Existen tres formas de "apertura" de las puertas de la Basílica: la apertura simple, la apertura solemne y la apertura solemne simultánea.

Una apertura simple consiste en abrir una de las hojas de la puerta mediante el "sexton" de la comunidad que pretende abrir la puerta.

La apertura solemne consiste en abrir ambas hojas de la puerta principal: la de la derecha la abre el portero musulmán y la de la izquierda el "sexton".

 

La apertura simultánea y solemne se lleva a cabo cuando las tres comunidades, en el mismo día, tienen una entrada solemne (todos los sábados de Cuaresma) y, para esta ceremonia, los tres "sextones" están presentes.

Para comprender este "ritual", que parece extraño a los ojos profanos, se puede mirar la secuencia de seis figuras que se ha preparado más abajo. Se puede sintetizar el evento de esta forma: desde dentro de la Basílica, el "sexton" entrega una escalera al portero musulmán a través de un hueco en la puerta de la Basílica. El portero entonces abre la cerradura baja y, a continuación, la cerradura alta. Entonces el portero abre la hoja derecha de la puerta.

La Basílica del Santo Sepulcro se abre diariamente a las 4:00 a.m. y a las 12:30 p.m., cuando no hay Fiestas especiales o acontecimientos. Se cierra a las 11:30 a.m. y un cuarto de hora después de la puesta del sol. Si por alguna razón, una de las tres comunidades no quiere cerrar la puerta al mediodía, le tiene que pagar al portero el equivalente de un almuerzo. Las comunidades se han puesto de acuerdo para que al atardecer, la Iglesia se cierre entre las 5:45 p.m. en diciembre y a las 8:00 p.m. en julio.

Cada atardecer, a la hora del cierre, los tres "sextones" están presentes y acuerdan entre ellos quien tendrá el turno para abrir a la mañana siguiente. El que tiene el derecho de abrir la puerta al día siguiente, toma la escalera y la ubica en el centro de la puerta. Se debe tener presente que las ceremonias del "cierre" tienen lugar con los mismos rituales, pero con una secuencia invertida.

Queda claro que las tres comunidades tienen privilegios especiales y derechos, tanto para la apertura como para el cierre de la puerta de la Basílica. La comunidad Latina (Franciscanos) tiene los siguientes:

Todos los sábados de Cuaresma, la noche de Pascua, la fiesta de la Santa Cruz, las fiesta de Corpus Domini, los Franciscanos pueden abrir las puertas a las 10:30 p.m. Esto se hace para permitir a la comunidad Franciscana de San Salvador y a los fieles, poder entrar en la Basílica y reunirse con la comunidad Franciscana residente para la Solemne celebración de la Liturgia de las Horas. Entonces la puerta permanece abierta durante toda la noche.

El Jueves Santo los Franciscanos tienen un privilegio particular. A la 1:30 p.m. los dos porteros musulmanes del Santo Sepulcro van al Convento de San Salvador, sede del Custodio de Tierra Santa, y entregan la llave de la Basílica al Vicario Custodial. Éste, junto con el fraile responsable de Tierra Santa y acompañado por los porteros musulmanes, se dirigen a la Iglesia del Santo Sepulcro y le entrega la llave al Franciscano "Sexton" para que él mismo abra la puerta y, a continuación, realice la entrada solemne el Patriarca Latino. En ese día, solamente los Franciscanos celebran dentro de la Basílica. La puerta se abre y se cierra tres veces durante esa tarde (sólo diez minutos), para permitir la entrada y la salida de los fieles para las celebraciones litúrgicas. A las 7:00 p.m. las puertas vuelven a abrirse nuevamente, para permitir a la fraternidad Franciscana de San Salvador el ingreso y tomar parte de la Adoración Eucarística.

Cada vez que una "apertura" extra es requerida, hay que pagar un impuesto: 8 piastras por una simple apertura, 16 por una solemne y por una apertura solemne simultánea de cada fraternidad, la suma establecida es de dos velas largas y otros regalos.

 

Secuencia fotográfica de la "apertura de una ceremonia"

 

1. Secuencia fotográfica de la "apertura de una ceremonia"

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2. El portero musulmán recibe la escalera afuera de la puerta

 

3. El portero abre el cerrojo de la parte inferior

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4. El portero abre el cerrojo de la parte superior

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5. El portero abre la parte derecha de la puerta

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6. De izquierda a derecha: el sexton Franciscano, el Armenio, el portero Musulmán, el sexton Griego y otro sexton Franciscano

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