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Como explicar la muerte de un ser querido
La
muerte: un nuevo nacimiento
Hace
apenas un par de semanas, recibí un mail de un amigo, en donde me hablaba de
una sucesión de muertes entre los miembros de su familia. Sin que él me lo
pidiera, me atreví a enviarle unas reflexiones, para encarar el tema cuando,
inevitablemente, surgiera en los diversos encuentros familiares.
La
muerte es uno de los misterios que están presentes, de manera permanente,
entre las preocupaciones del hombre. La ciencia, el arte y otras innumerables
expresiones del ser humano abordan, desde diversos ángulos, la búsqueda de
respuestas ante ella. Todas las religiones también exponen su punto de vista
y explicación al respecto.
¿Cómo
explicar el tema de la muerte de un ser querido?
Nuestra
fe nos ofrece una respuesta frente al tema de la muerte: La convicción de que
la vida es perdurable -una de las afirmaciones que hacemos en nuestro credo-,
y que no se termina con ese paso al que llamamos muerte; es el eje principal
de una manera diferente de ver las cosas.
Sin
embargo, no podemos desprender de la muerte el dolor, el miedo y el duelo que
trae aparejada.
Con
la intención de que estas breves reflexiones constituyan un verdadero aporte,
es preciso adaptarlas a un lenguaje inteligible para todos.
Siempre
hay que decir la verdad sencilla y claramente. No sirve, y es muy malo,
mentirles a los niños, utilizando frases como éstas:
"El
abuelo -o quien sea-, se ha dormido". Con este tipo de consuelos, lejos
de tranquilizar, lograremos que quien los escuche le tenga miedo a dormir por
la posibilidad de no despertar jamás.
O
"se fue de viaje"; lo cual provoca una inquietud terrible en cuanto
a cuándo volverá del viaje, por qué no escribe, no llama por teléfono, no
manda un mail..., ¿Cómo es posible que esa persona que hasta ayer era cariñosa,
afectuosa y atenta, de un día para otro, decida hacer un viaje y no
comunicarse más?
También
es común que se diga "está en una estrella"; así, además de
estar mintiendo y creando una fantasía, convertiremos todo el cielo en un
gran cementerio.
Hay
que tener en cuenta que, cuando nacemos, no tenemos conciencia de lo que
significa la muerte. La primera vez que la sentimos de cerca, no comprendemos
qué está ocurriendo. ¿Cómo explicarnos que no vamos a volver a ver a ese
ser que queremos y necesitamos tanto?
También
hay que evaluar que, muchas veces, el sufrimiento que sentimos está basado en
nuestro propio interés. Nos cuesta amar al otro y ser capaces de descubrir su
propio bien. Somos personas de fe, pero, en los momentos de separación, a
nuestra fe le resulta difícil encarnarse.
Podemos
pasar por esta vida sin dejar huella, o podemos colaborar realmente con el
plan de la Naturaleza y hacer este mundo un poco mejor. Ante un ser querido
que se muere, hay que pensar en las muchas huellas que dejó en quienes los
conocimos. Si su vida estuvo bien vivida, aunque hayan faltado años,
proyectos o sueños, tenemos que aceptar que la muerte es un paso. La ida de
una persona, nos ayuda a apreciar la vida, prepararnos para el fin de nuestros
días y con todos los que queremos.
Nacer
de nuevo
Una
pareja de mellizos se está gestando en el vientre de su madre. Comparten allí
nueve meses de maduración y de crecimiento. Es un ambiente ideal: no hay frío
ni calor y todo es agradable. No se pasa hambre ni hay dolor; es un tiempo de
bienestar.
De
pronto, se cumple el plazo del embarazo, y unos extraños movimientos empiezan
a producirse. Contracciones y dolores de parto. El primero de los hermanos se
ubica en la puerta de la vida.
Pero
ellos no lo saben; si pudieran pensar, creerían que es la muerte; que la
armonía de ese tiempo compartido se termina, y que nunca más volverán a
verse.
Quien
permanece unos minutos más, que parecen eternos, en el vientre de su madre,
percibe que su hermano ya no está.
Sin
embargo, del otro lado, unos brazos cariñosos lo reciben y le dan afecto y
calor, lo llenan de besos y lo alimentan de su propio cuerpo.
Al
rato, se produce el otro nacimiento y los hermanos vuelven a encontrarse en el
mundo.
No
obstante, ésta no es una explicación para entender la muerte, se le asemeja
bastante. Compartimos la vida no ya nueve meses, sino un tiempo que, para cada
uno, es diverso. En un período que, si bien es de maduración y crecimiento,
no es de plena armonía y sin dolor.
Cuando
se producen los "dolores de parto" y vemos que un hermano se va, a
veces, no descubrimos que está a la puerta de la vida.
Del
otro lado, lo esperan otros cariñosos brazos que lo reciben con amor y lo
alimentan de su propia vida. Quienes quedamos un tiempo más en el vientre del
mundo, a veces, no percibimos lo que nos enseñó nuestra creencia.
Cuando
vivimos la muerte de un ser querido, su nuevo nacimiento, se puede percibir
que él estaba recorriendo ese camino. No es un consuelo para conformarnos. Es
una realidad que deberíamos profundizar, nada más.
Los
partos duelen, pero traen consigo la alegría del nacimiento. Con la partida
de un ser querido, tenemos la certeza de que ha nacido a la vida nueva.
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AM
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